Dicen que él era un hombre peleado con el mundo, hubo un tiempo en el que mostró un aparente interés por la gente; saludaba por la calle e iba al supermercado con un anciano de aspecto amistoso, pero repito, solo fue un tiempo. Nunca lo vi molesto y sonreía muy poco. No creo que odiara a alguien, recuerdo cruzarme con él en las mañanas poco tiempo después de reemplazar la compañía de aquel anciano por la del cigarro y ese gesto que hacía no sé si como saludo o era simplemente un tic, pero tenía ojos buenos. Dicen que él era un hombre peleado con el mundo, hablamos una de esas mañanas, una de esas mañanas atropelladas por los quehaceres, me lo dijo como si esperara una respuesta, nos sentamos en la vereda sucia de esa calle que había recorrido por años, no recuerdo exactamente en que momento y como pasó. Fumábamos sin hablar y se volvió nuestra rutina de los sábados, pero ahora creo que más que un hombre peleado con el mundo, él era un hombre peleado consigo mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario